Son muchos los conductores españoles que hoy en día se plantean dar el salto al eléctrico comprando de segunda mano, en lugar de gastarse un dineral en uno a estrenar. Ya no se trata de si existen opciones en el mercado; que las hay, sino de si realmente compensa hacerse con una. Y ahí la cosa no es blanco o negro: todo depende del uso que le vayas a dar, del modelo concreto que tengas en mente y, muy especialmente, de cómo esté la batería. Aquí vamos a desgranarlo con datos y experiencia real: cuándo comprar un eléctrico usado tiene sentido y cuándo puede acabar siendo una ruina.
Por qué el eléctrico de segunda mano gana terreno.
En los últimos años ha habido una avalancha de eléctricos que se vendieron entre 2018 y 2022 y que ahora están saliendo al mercado de ocasión. Hablamos de coches que ya han sufrido el bajón de precio inicial y que, por norma general, se han usado para trayectos urbanos o de cercanías, lo que significa bastante menos castigo mecánico que un gasolina o diésel con kilometraje similar.
A esto se suman tres factores importantes:
- Mejora en la durabilidad de las baterías.
- Mayor información técnica disponible para el comprador.
- Aumento del precio de los coches nuevos, eléctricos o no.
El resultado es un mercado más amplio, más transparente y con precios que empiezan a tener sentido para un comprador racional.
Ventajas reales de comprar un eléctrico usado.
1. Precio de acceso más bajo.
La depreciación inicial de los coches eléctricos sigue siendo elevada. Comprar uno con tres o cuatro años de uso puede suponer un ahorro significativo frente al precio original, sin renunciar a tecnología ni seguridad.
En muchos casos, el coste es comparable al de un coche térmico nuevo de gama media, pero con menores gastos a medio plazo.
2. Coste por kilómetro reducido.
Incluso con tarifas eléctricas variables, el coste de recarga sigue siendo inferior al de combustible, especialmente para quienes cargan en casa o en el trabajo. En uso urbano diario, la diferencia se nota mes a mes.
3. Mantenimiento más simple.
Un coche eléctrico no tiene embrague, caja de cambios tradicional, aceite de motor ni sistema de escape. En la práctica, el mantenimiento se reduce a frenos, neumáticos, suspensión y revisiones electrónicas.
Esto no significa mantenimiento cero, pero sí menos visitas al taller y menos imprevistos mecánicos.
Los riesgos que no conviene ignorar.
1. El estado de la batería.
La batería es el componente más caro del vehículo. Aunque la degradación suele ser gradual, no todos los coches han tenido el mismo trato. Cargas rápidas frecuentes, altas temperaturas o un uso intensivo pueden acelerar su desgaste.
En 2026, una degradación del 10–20 % tras varios años es normal. Por encima de eso, conviene analizar si el precio compensa.
2. Autonomía real vs autonomía anunciada.
Los datos oficiales rara vez coinciden con el uso cotidiano. En coches usados, esta diferencia puede ser mayor. Es clave evaluar la autonomía real en condiciones normales: ciudad, carretera y clima habitual.
Para muchos usuarios, 200–250 km reales son suficientes. Para otros, pueden quedarse cortos desde el primer día.
3. Infraestructura de carga.
Aunque la red pública ha mejorado, sigue siendo un factor limitante si no se dispone de punto de carga propio. Comprar un eléctrico sin resolver este punto suele generar frustración a medio plazo.
Qué revisar antes de comprar un eléctrico de segunda mano.
Salud de la batería (SOH).
El State of Health (SOH) indica el porcentaje de capacidad útil restante. No basta con una estimación verbal: debe obtenerse mediante diagnóstico o informe del fabricante o concesionario especializado.
Un SOH por encima del 85 % suele considerarse correcto para un coche con varios años.
Historial de carga.
No es lo mismo un coche cargado mayoritariamente en corriente alterna que uno sometido a cargas rápidas constantes. Preguntar por los hábitos de carga aporta información valiosa sobre el desgaste futuro.
Garantía de la batería.
Muchos fabricantes ofrecen garantías de 8 años o un número determinado de kilómetros. En 2026, algunos eléctricos usados aún conservan parte de esa cobertura, lo que añade tranquilidad a la compra.
Software y actualizaciones.
Algunos modelos han mejorado su autonomía, eficiencia o gestión de carga mediante actualizaciones. Conviene confirmar que el vehículo está al día y que sigue recibiendo soporte.
¿Para quién sí tiene sentido un eléctrico usado?
Un coche eléctrico de segunda mano es una buena opción si:
- El uso principal es urbano o interurbano.
- Se recorren distancias diarias previsibles.
- Se dispone de punto de carga habitual.
- Se prioriza el coste de uso frente a la potencia o la imagen.
En estos casos, el ahorro y la comodidad superan claramente las limitaciones.
¿Y para quién no es buena idea?
No es la mejor elección si:
- Se realizan viajes largos frecuentes sin planificación.
- No hay acceso sencillo a carga.
- Se busca un único coche para todo tipo de usos intensivos.
- El presupuesto obliga a elegir un modelo con batería muy degradada.
En estos escenarios, un híbrido o un térmico eficiente puede ser una opción más equilibrada.

Una decisión técnica, no ideológica.
Comprar un coche eléctrico de segunda mano en 2026 puede ser una excelente decisión si se hace con información y sin expectativas irreales. No es una solución universal ni un gesto simbólico: es una elección técnica que debe encajar con el uso real del conductor.
Analizar la batería, entender las limitaciones y calcular bien los costes marca la diferencia entre una compra inteligente y una decepción evitable.


